Tanto si estás a un paso de la sabia elección de salirte de los castigos para establecer los límites, como si ya no quieres aplicarlos, quiero ponerte de frente las dificultades que será importante superar para seguir manteniendo tu decisión con éxito.

En esta situación, éxito llamo a conseguir un sano crecimiento tuyo con tu hijo e hija, al mismo tiempo que lográis una convivencia y relación gratificantes.

Por cualidades de este crecimiento sano me refiero a: responsabilidad, autonomía, autodisciplina, empatía, autoconocimiento, autoestima positiva y desarrollo de habilidades sociales eficaces.

Realmente tanto la intervención con castigos como la convivencia con límites firmes con amor y respeto, ninguna te librará de dificultades y de esfuerzos. Eso sí, los resultados serán muy diferentes en un caso y en otro.

Así que puestos a que hay que esforzarse, te animo a hacerlo en la dirección del límite firme con amor y respeto para conseguir ese éxito. Te espera tu bienestar personal y el bienestar de cada hijo e hija. La familia completa será recompensada, te lo aseguro.

Esa será la inversión de tu esfuerzo. Merece mucho la pena, por tí y por cada hijo y miembro de tu familia.

¿Te animas y te comprometes a pasar estas dificultades?
Algunas de estas son:

1.- Dudas y miedos por salirte de la dinámica social habitual y la personal.

Requiere más fuerza personal para mantenerte en tu decisión y no dejarte llevar por las críticas claras o escondidas de otros adultos.
Es duro sentirte juzgado, criticado y no comprendido.
Es duro ser la diferente, la nota discordante.
Es difícil argumentar desde la respuesta de “no hemos salido tan mal con castigos” sin herir sensibilidades del que te lo dice todo convencido.
Es difícil graduar lo aprendido por tus padres, posiblemente desde los castigos habituales. Lo quieres hacer diferente y tu miedo a limitar por saber lo que significa, te lleva al otro extremo contrario, el libertinaje. Límites sin castigos y con firmeza, se convierten en una complicada combinación. Lo mismo libertad y libertinaje.

 

2.- Recorrer el camino largo.

Significa alejarse de la rapidez de acción-reacción del castigo. También de los aparentes resultados inmediatos del castigo, la deseada y aparente obediencia,  que pueden hacer también dudar tu decisión.

La verdad que el uso del castigo puede ser mal llamado “eficaz” en cuanto que a veces dejan de hacer algo inmediatamente. Sobre todo si la dosis del miedo y/o dolor ha sido fuertemente inyectada en el niño y niña. Pero no hay un aprendizaje ni personal ni social. Bueno sí, hay un tipo de aprendizaje, el de la astucia: “Cómo hacer algo sin que se enteren”. O peor aún, el de la competencia: “Fulanito ha hecho….” y el chivateo parece que hace mantener una conducta deseada, pero ya sabes, por encima de la relación social y bienestar personal.

No obstante, también te entiendo cuando sientes la tentación de usar esa obediencia ciega y sumisa en vez de llegar a conectar con sus sentimientos, entrar en todo un proceso de comunicación, comprensión y escucha, entendimiento de necesidades, sentimientos, emociones y vías de solución.
Sobre todo en momentos del día a día, cuando estás agotada o con sensación de falta de recursos, poner en marcha todo este despliegue de habilidades sociales para construir la convivencia familiar.

Es muy diferente transitar el camino corto y decir: “Así es y punto pelota!!!” “A callar y a obedecer. Punto” “Y si no, te quedas sin….” y tener el resultado que deseas tú, como madre y padre. Esta es una vía rápida de orden y mando.
Que recorrer un camino más largo en el que enfocas primero la mirada en tí y reflexionar sobre: “¿Esto que me molesta de mi hijo a quién le compete? ¿es por mí, porque no me siento reconocida ni mirada ni escuchada y me he enredado con su conducta? ¿O es asunto de mi hijo?” Este ya es un comienzo intenso personal que requiere grandes dosis de tu humildad para poder mirar y aprender de ello.
Y si el asunto está en tu hijo, de nuevo requiere esfuerzo para re- enfocar tu mirada porque lo más fácil y rápido es mirar en lo que más ruido hace: sólo la conducta. Y aún más, cuando esta conducta es algo que no lo vas a permitir, por ejemplo, hacer daño a otra persona.

Será  La conducta es el foco rojo que avisa que algo está necesitando. 

Averiguar qué se esconde detrás de ella, qué necesidad no cubierta, qué sentimiento se le ha despertado y con qué conducta lo ha expresado, sí, será un camino más largo, pero es el que llega al origen y solución de los problemas.

Dentro de este camino largo, la dificultad también está en la posibilidad de salirte de los automáticos. Me refiero a los automáticos sin pensar. Esos que aprendiste desde que eras niña y salen fácil y rápidamente.

Es todo un esfuerzo en muchos sentidos que conlleva volver a enfocar la situación problemática de forma diferente a la habitual.

Es alejarte de ese camino corto de acción-reacción con el objetivo de que deje de hacer una conducta determinada sin considerar su bienestar emocional. 

Y adentrarte a todo un proceso de autoconocimiento y autocontrol positivo: parar, respirar, mirarte, entenderte, comprenderte, y hacerlo de otra manera más saludable.

Muchas veces es deshacer unos 40 años de reacción de unos automáticos inconscientes, echarle valor para poder mirar las consecuencias, querer cambiarlas, desaprenderlos y aprender otras más conscientes y consecuentes con el éxito mencionado.

Por el camino vas consiguiendo todo un logro personal gratificante: acercarte mucho más a COHERENCIA PERSONAL en tu pesar, sentir, decir y hacer que te lleva el no uso de los castigos.

Desde aquí, evidentes contradicciones dejan de tener sentido. Por ejemplo, “Deja de chillar!!” cuando tú le estás chillando, o “No te permito que hagas daño” y tú se lo estás haciendo con castigo”.
No es coherente castigar con algo que duele para conseguir que sea mejor persona.
No es coherente que tu hagas algo que no quieres que tu hijo ni tu hija haga.

No tiene sentido que tú necesites un bienestar emocional y no lo cuides en tu hijo e hija.

 

3.- El manejo de nuestra propia rabia.

Es evidente la gran dificultad que tenemos en el manejo de nuestra propia rabia. ¿Pudiste aprender a expresarla y canalizarla para no hacerte daño a tí ni a los demás?
¿o tiendes a guardártela muy dentro de tí por considerarla algo a reprimir? ¿Fuiste castigada por expresarla?

Este es un gran y potente comienzo. Es más, sin este comienzo, yo te diría que te saltas el requisito para que la decisión de limitar con firmeza y amor, se debilita.

Por lo tanto, hacerte las paces con tu propia rabia y mirarla como una útil emoción con su manejo sano para tí y para el resto de las personas con las que te encuentras, es ya alcanzar un gran nivel personal.

Es alejarte de buscar y desear un daño en tu hijo e hija como consecuencia de algo que ha hecho. Ya no tendrás que pasar por ese: “si no le castigo y no le duele la consecuencia, lo va a repetir”.

Es también alejarte de la tentación del PODER SOBRE otra persona, en este caso tu hijo, y sin perder cada uno su lugar de padre-madre e hijo, y lo puedes considerar siempre como persona con necesidades a respetar, que no tiene nada que ver que hagan siempr lo que quieran por encia de tus necesidades adultas.
La rabia descontrolada es fácil que arrolle a tu hijo porque está en otra situación más vulnerable que tú. Por lo tanto, es no aprovecharte tampoco de que  él depende de tu amor y sus herramientas de su auto cuidado, son más limitadas que las tuyas.

Aquí sólo decirte que la expresión de la rabia te conecta con tu fuerza personal, grandísima fuerza que hay en tu interior y te ayuda enormemente en tu cuidado personal y autoconocimiento si es sostenida y canalizada emocionalmente.

Como ya sólo este punto daría para un nuevo artículo, posiblemente lo ahonde más en otro momento dedicado a este tema.

4.- Y ya para acabar, una dificultad más: limitar a personas con seguridad en sí mismas no lo ponen muy fácil.

De aquí de nuevo la tentación de que cuando establezcas un límite a tu hijo e hija lo acepte y reaccione de forma sumisa, como sucede a veces ante un castigo.

Sí, está también la otra respuesta del castigo que también requiere su dificultad: rebeldía por resentimiento y dolor por la incomprensión de su sentir. Pero esta dificultad tiene un precio caro que pagar porque por el camino pierde aprendizajes muy valiosos y no llega al éxito mencionado.

Desde esta dirección, la desconexión con sus necesidades está garantizada y su malestar también. Es un camino con muchas dificultades nada gratificantes, ni a nivel del bienestar ni a nivel de crecimiento integral.

Lo que te puede dar mucha fuerza en momentos complicados e intensos, es tener presente la ayuda que le estás proporcionando a tu hijo. Es decir, entre otras, favoreces la conexión con sus necesidades al escucharlas y devolverlas relacionándolas con la emoción escondida detrás de la conducta.

Cuado un niño y niña está conectado con sus necesidades, sí o sí, harán que se defienda con fuerza cuando sienta que se le está dañando su integridad.

Sí, puede que te vengas abajo en determinados momentos sociales, sobre todo si estás en el inicio de esta forma de actuación, si lo practicas con dudas, o tu hijo es muy pequeño y con mucha impulsividad. Es cuando tu hijo puede que le de por responder fuertemente con un “¡Tonta!” cuando no le guste que le establezcas un límite determinado y puedes desear meter tu cabeza en un agujero, tipo avestruz.
Y qué decirte si eres de la que le das mucha importancia a lo que otras personas piensen de tí. El agujero del suelo se puede quedar muy pequeño.

Se que es complicado sentirte criticado y juzgado. No le deseo a ningún padre ni madre escuchar comentarios parecidos a : “qué niño malcriado”; “contestón”; “desobediente” y toda una lista de adjetivos nada agradables. Pero también decirte que:

“Aquello donde pones el foco se expande”

Y es que sí, socialmente está mejor visto y aceptado la obediencia aunque pase por encima de tus necesidades, que la expresión de las mismas. Es más, es algo hasta anhelado y ansiado. De ahí que se escuche tanto la expresión de: “qué niño más bueno…” “qué obediente es….” como algo muy positivo.

Una nota importante: Considero el respeto un límite bien marcado que no quita que en el proceso de aprendizaje de expresión, aparezca el error como parte del mismo. Y trabajarlo desde ahí, graduándolo progresivamente. Son muy diferentes las necesidades de los deseos, pero también ya hablaré más sobre ello.

Por lo tanto, quiero que te quede claro que yo no defiendo las reacciones irrespetuosas, hirientes ni dañinas. Tampoco que insulte o que diga de cualquier manera lo que le sucede. Te animo a que en este porceso y siempre, te cuides tu también tus necesidades y te las hagas respetar. Al mismo tiempo que te cuidas, ofreces un gran modelo de imitación para tu hijo e hija.

Y para finalizar este artículo, decir que todos los esfuerzos mencionados:
– Dudas y miedos por salirte de la dinámica social habitual y la personal.

– Recorrer el camino largo: Alejarse de la rapidez de acción-reacción del castigo y aumentar en coherencia.
– El manejo de nuestra propia rabia.
– Dificultad al limitar con firmeza, amor y respeto por el fortalecimiento de su persona interior,

requieren mucha valentía, firmeza y compromiso. Pero merece muchísimo la pena superarlos y caminar por la dirección de la convivencia sana y llegar a un desarrollo emocional íntegro.

“Un niño que se siente bien, se comporta bien”

(Cogiendo con pinzas ese “bien”. Creo que ya me entiendes)

Sólo desde esta dirección, la relación de padres e hijos es fuerte y real.
Sólo desde aquí se puede crear las bases de una persona fuerte, segura de sí misma, conectada con sus necesidades y emociones.
Es el camino de la autonomía real, autodisciplina y la responsabilidad que prepara para vivir la vida de forma gratificante, eso sí, no sin dificultades, pero sí con unas cualidades fundamentales para superararlas, aprender de ellas y seguir con el desarrollo personal.
Desde aquí, el desarrollo de valores humanos tuyos y de tus hijos está garantizado.
Será cuando saboreéis la inversión del esfuerzo del camino largo.

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