Puede que utilices un “no pasa nada” al querer consolar un disgusto o dolor del hijo o de la hija. Si no lo utilizas tú, posiblemente lo hayas escuchado más de una vez. Yo lo escucho a menudo.  

Ayer, sin ir muy lejos, estaba viendo cómo un niño comía su merienda tan ricamente. Era un bocata con  rueditas de salchichón y lo típico, se le abrió el pan por abajo y todo el salchichón por el suelo. Rápidamente se acercaron tres madres diciendo “no pasa nada, no pasa nada”, recogiendo con prisa el salchichón y de nuevo montando el bocata. 

El niño se quedó todo disgustado. Le costó remontar y volver al disfrute de la merienda. 

Y es que empezar con un “no pasa nada” no lo considero un buen inicio. Porque  sí que pasa algo: “se te ha caído las rueditas de salchichón al suelo”. Jolines, “¿Es que nadie lo ha visto? ¿Me estaré volviendo majara?”, es lo que podría pensar tu hijo o hija en una situación así. 

Si no pasa nada, no tiene sentido que exprese malestar o disgusto a modo pataleta o similar. Así que tu hijo o hija, o reprime la expresión emocional de este malestar, o sale como un corcho de botella de champán, con más intensidad al no sentir ese permiso de expresión, cuando realmente lo necesita. Ninguna forma de expresión emocional, ni la reprimida que genera residuos emocionales dentro, ni la explosión por sentirse incomprendido, no aceptado, ni escuchado, generan mayor dolor y malestar. 

Y sí, te salió automático y con buena intención de ayudarle. Pero no es una verdadera ayuda para tu hijo e hija empezando con un “no pasa nada” cuando sí que ha pasado algo. 

Sí, posiblemente le quisieras ayudar a solucionarlo quitándole importancia al tema y no hacer un drama de lo que consideras que es una tontería. Y sí, aunque tu no hagas el drama, que tampoco es lo que pretendo animarte, el drama puede estar ahí.  Porque de esta banalidad, puede ser para tu hijo o hija un momento de desahogo de toda una tarde que ha pasado muchas tensiones y no se ha podido liberar. Y es entonces cuando ve el salchichón por el suelo, y es como la gota que colma el vaso de agua, y ya se le cae el mundo. Puede ser. Y si sólo miras el salchichón, puedes rápidamente juzgar la expresión de tu hijo sin aceptarla. 

Y lo que te animo desde aquí, es acompañarle en la expresión emocional, sea cual fuera, para conectar con su sentir, sin juzgar, ni querer evitarla, sin querer controlarla, ni querer que la cambie.  Porque necesita de esa expresión para transformarla en otra emoción más agradable para el y ella. Y qué mejor que hacerlo con tu cercanía, escucha, comprensión, aceptación desde un inicio de contar verdad. Sí hijo o hija, “veo que se te ha caído el salchichón al suelo”. 

Así que por favor, no le niegues una evidencia como forma de querer meter rápidamente debajo de la alfombra y pasar página como si nada hubiera pasado. Porque desde ahí, te aseguro, que pasa mucho más que la caída del bendito salchichón. 

Ya no sólo le duele haberse truncado su merienda, sino tu respuesta ante ello.
 

Sí, sé que pueden ser momentos intensos y duros para ti. No es fácil ver a tu hijo o hija sintiendo un malestar. Pero mayor malestar tendrá si le falta tu acompañamiento desde tu amor, tu sostén emocional al no sentirse comprendido, ni escuchado, ni aceptado. 

Por eso te animo a que aproveches estos momentos de problemas, desde primero, la aceptación y luego la escucha al mismo. El problema puede venir con grandes regalos. Grandes aprendizajes, grandes conocimientos de nosotros mismos, de tu hijo e hija, que puede sellar vuestra relación o distanciaros más. 

Porque lo que marca la diferencia no es el problema en sí, si hay o no hay, sino lo que hagamos de ello.

Así que, empezar contando verdad, describiendo la situación, todo puede cambiar. Ya no será un “no pasa nada”, sino un “se te ha caído el salchichón”. 

Y luego validar sus sentimientos, desde el permiso de la expresión emocional, sin juzgarla, ni negarla, queriendo que acabe ya para hacer ver que el problema se soluciona. Necesita liberarse de ella desde su expresión para que pueda transformarla en otra emoción de la polaridad del amor: alegría, tranquilidad, confianza, etc. 

Le puedes acompañar con un: “vaya, qué fastidio veo que te ha dado, ¿no?”; o un “¿Cómo estás?”; “Te veo disgustado”, lo que sientas cuando conectas con esa situación desde su piel y desde la verbalización de su información corporal.

Y es que contando verdad y validando sus sentimientos, posiblemente el malestar que querías evitar desde esa negación de “no pasa nada”, realmente llegue y se cierre por sí mismo transitando este nuevo camino que te he mostrado con este artículo. 

Ya con estos dos elementos clave, fomentas como padre y madre una espiral constructiva, en la que le trasladas mucha información a tu hijo de cómo está, le permites conectar con él mismo, con su fuente de información.

Y tu hijo e hija verificará tu comprensión, comprensión y acompañamiento firme y amoroso.

Y si fuera poco con todo lo que te he contado, también con este otro inicio, desde su profundo sentir y desde tu forma de acompañarle, también le ayudas a recoger otra gran oportunidad para que tu hijo e hija pueda solucionar SU PROPIO ASUNTO.  

Con todo ello, será entonces cuando esté en las mejores condiciones para pensar y decidir qué puede hacer con su bendito salchichón desde su propia responsabilidad: “¿qué puedo hacer ahora?”  

Ahora siente y no tiene ninguna duda que puede contar contigo si lo necesita. Y paradójicamente se siente más fuerte para solucionarlo por él o ella misma.
 

Y aunque me haya centrado en el bocata, hay otras muchas situaciones parecidas como por ejemplo: las caídas, disgustos que si me ha dicho que ya no es mi amiga, que se me ha perdido mi juguete preferido, y un montón de ejemplos que puedes cambiar el “no pasa nada” por estas dos claves que te he mostrado para poder recoger de los problemas, las grandes oportunidades que te traen a ti como madre y padre y sobre todo para tu hijo e hija. 

Espero y deseo que le puedas dar a las palabras la importancia que tienen y utilices una comunicación conectiva con tu hijo e hija. Es un gran tesoro para toda la familia, especialmente para tu hijo e hija que tanto te necesita ahora.

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