Puede que utilices un “no pasa nada” al querer consolar un disgusto, dolor o problema de tu hijo o de tu hija. Si no lo utilizas tú, posiblemente lo hayas escuchado más de una vez que otra persona se lo dice. Yo por lo menos, lo escucho más de lo que me gustaría.  

Y es que ese aparente inofensivo “no pasa nada” que lo podemos hacer con muy buena intención, no le ayuda a tu hijo o hija a ser ni sentirse visto y por consiguiente, conocidos ni valorados. Tampoco a conocer ni gestionar sus propias emociones.

Ser comprendidos por otro, nos permite conocernos a nosotros mismos. Y para ello, no podemos negar las evidencias con un “no pasa nada” como forma de solucionar un asunto, situación o problema.

Ayer, sin ir muy lejos, estaba viendo cómo un niño comía muy a gusto su merienda tan ricamente. Era un bocata con  rueditas de salchichón y lo típico, se le abrió el pan por abajo y todo el salchichón por el suelo. Rápidamente se acercaron varias madres diciendo “no pasa nada, no pasa nada”, recogiendo con prisa el salchichón y de nuevo montando el bocata. 

Estas madres querían ayudar rápidamente al niño para evitarle un disgusto y reparar la situación lo antes posible. Pero ese niño, se quedó todo disgustado. Le costó remontar y volver al disfrute de la merienda. No se sintió ni comprendido ni escuchado. 

¿QUÉ HAY DETRÁS DE UN “NO PASA NADA” QUE LE DECIMOS A UN NIÑO O NIÑA?

Y es que empezar con un “no pasa nada” no facilita la conexión ni la comunicación con la otra persona. Porque  sí que pasa algo: “se te ha caído las rueditas de salchichón al suelo”. “¿Es que nadie lo ha visto? ¿Me estaré volviendo majara?”, es lo que podría pensar tu hijo o hija en una situación así. 

Es entonces cuando empieza a dudar de sus sensaciones no dando el valor que tienen. Y por lo tanto, si no pasa nada, no tiene sentido que exprese malestar o disgusto a modo pataleta o similar.

Negamos su emoción y el niño siente que está equivocado al sentir algo que nadie ve y que al mismo tiempo, no siente permiso a expresarla. Y es cuando comienza a gestionar las emociones desde el dolor sin sentirse acompañado, ni visto ni valorado. O bien, reprime su expresión emocional de este malestar, o sale como un corcho de botella de champán, con más intensidad al no sentir ese permiso de expresión, cuando realmente lo necesita.

Ninguna forma de estas formas de gestión emocional, ni la reprimida que genera residuos emocionales dentro, ni la explosión por sentirse incomprendido, no aceptado, ni escuchado, ayudan a conocerse, auto regularse y sobre todo a comunicarse y vincularse con las demás personas. Además, que no genera las condiciones de poder solucionar su asunto de forma eficaz.

Así que te invito a que cuando pase algo que no le guste a tu hijo o hija, o esté comenzando a sentir una emoción más intensa, no comiences la comunicación con un “no pasa nada” cuando sí que ha pasado algo. 

Sí, posiblemente le quisieras ayudar a solucionarlo quitándole importancia al tema y no hacer un drama de lo que consideras que es una banalidad. Y tampoco quiero decirte que lo hagas desde este otro extremo y hacer de la caída de las ruedas de salchichón, un gran problema que no invite a la solución.

ENTONCES, ¿CÓMO PUEDES AYUDAR A TU HIJO O HIJA CUANDO TIENE UN PROBLEMA?

El mencionar lo que sí que ha pasado, “veo que se te ha caído las ruedas de salchichón” y si además añadimos un posible sentir observando su reacción corporal, “y puede que esto te haya dejado triste al pensar que ya no puedes comer el bocata que tantas ganas tenías de comerlo”, por ejemplo, además de ayudarle a conectar con sí mismo, a conectar contigo, a sentirse visto y valorado, puede también ser el momento que reflejes un permiso a la expresión emocional. Esto es validar las emociones desde un nombrar la verdad. 

En estos momentos es cuando también se puede abrir una posible “caja de Pandora” emocional y aprovecharlo como un momento de desahogo de toda una tarde que ha pasado muchas tensiones y no se ha podido liberar. Y es entonces cuando ve el salchichón por el suelo, tu escucha y comprensión y hace un gran efecto acumulativo.  De repente el salchichón se convierte en la gota que colma el vaso de agua y ya se le cae el mundo. Puede ser. Pero sigue siendo una oportunidad para liberarse de su malestar acumulado desde tu comprensión y compañía.

Así que te invito a que no sólo mires el  salchichón sin conectar con lo que está sintiendo tu hijo o hija. Y después, desde su respuesta, puedes preguntarte “¿por qué hará esto?”. Así podrás responder de una forma más intencionada, menos reactiva que no conecta con tu hijo o hija. 

Y este suele ser el motivo real que se esconde detrás del  “no pasa nada”. Nuestra propia dificultad de acompañarle en su expresión emocional incómoda, sea cual fuera. Se nos puede hacer muy duro conectar con su sentir, sin juzgar, ni querer evitarla, sin querer controlarla, ni querer que la cambie.  Pero al mismo tiempo es necesario porque tu hijo e hija necesita de esa expresión para transformarla en otra emoción más agradable. Y qué mejor que hacerlo con tu cercanía, escucha, comprensión, aceptación desde un inicio de contar verdad. Sí hijo o hija, “veo que se te ha caído el salchichón al suelo”. 

Así que por favor, no le niegues una evidencia como forma de querer meter rápidamente debajo de la alfombra y pasar página como si nada hubiera pasado.

Ya no sólo le duele haberse truncado su merienda, sino tu respuesta ante ello.
 

Sí, sé que no es fácil ver a tu hijo o hija sintiendo un malestar. Pero insisto, el mayor malestar estará en si le falta tu acompañamiento desde tu amor, tu sostén emocional al no sentirse comprendido, ni escuchado, ni aceptado. 

BENEFICIOS DE AYUDARLE A TU HIJO E HIJA A SOLUCIONAR UN PROBLEMA. 

Te animo a que aproveches estas situaciones difíciles o problemas, si lo quieres llamar así, transformando el “no pasa nada” por una descripción de lo que está pasando: “se te ha caído el salchichón”.  Contar verdad. Y si además le añades cómo se puede sentir con ello y escuchar cómo responde para acompañarle, evidencias tu amor y ayuda que necesita para gestionarlo.

Esa  situación o problema puede venir con grandes regalos. Grandes aprendizajes, grandes conocimientos de nosotros mismos, de tu hijo e hija, que puede sellar vuestra relación o distanciaros más. 

Lo que marca la diferencia no es el problema en sí, si hay o no hay, sino lo que hagamos de ello.

Así que después de contar verdad, fundamental validar sus sentimientos, desde el permiso de la expresión emocional, sin juzgarla, ni negarla, ni queriendo que acabe ya para hacer ver que el problema se soluciona. Sino desde tu escucha, comprensión y acompañamiento para que exprese esa o esas emociones incómodas en un lugar seguro. Sólo así las podrá transformar en otras emociones más agradables para él o ella: alegría, tranquilidad, confianza, etc. 

Le puedes acompañar con un: “vaya, qué fastidio veo que te ha dado, ¿no?”; o un “¿Cómo estás?”; “Te veo disgustado”, lo que sientas cuando conectas con esa situación desde su piel y desde la verbalización de su información corporal.

Ya con estos dos elementos clave, contando verdad y validando sus sentimientos, fomentas como padre y madre una espiral constructiva, en la que le trasladas mucha información a tu hijo de cómo está, le permites conectar con él mismo, con su fuente de información y fortaleces vuestro vínculo y unión. 

Y tu hijo e hija verificará tu comprensión, comprensión y acompañamiento firme y amoroso.

Ahora siente y no tiene ninguna duda que puede contar contigo si lo necesita. Y paradójicamente se siente más fuerte para solucionarlo por él o ella misma.
 

Y aunque me haya centrado en el bocata, hay otras muchas situaciones parecidas como por ejemplo: las caídas, disgustos que si me ha dicho que ya no es mi amiga, que se me ha perdido mi juguete preferido, y un montón de ejemplos que puedes cambiar el “no pasa nada” por estas dos claves que te he mostrado para poder recoger de los problemas, las grandes oportunidades que te traen a ti como madre y padre y sobre todo para tu hijo e hija. 

Espero y deseo que le puedas dar a la forma de comunicación y a las palabras, la importancia que tienen. Te animo a utilizar una comunicación conectiva con tu hijo e hija. Es un gran tesoro para toda la familia, especialmente para tu hijo e hija que tanto te necesita ahora.

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