¿Cómo cuidarte como madre y al mismo tiempo cuidar de tus hijos?

Cuidarnos sin cuidar tiene un precio caro que pagar. Pero cuidar como madres sin cuidarnos también. Y esto que parece un juego de palabras, no es tan divertido cuando se pone en juego el bienestar emocional tuyo, de tu hijos y vuestra relación.

 

 

Es todo un juego en arte de cuidados. Y como juego, tiene sus importantes propias reglas a cuidar para poder disfrutar de la maternidad. Y como arte, se puede desarrollar y aprender.

Por un lado, tus hijos necesitan sentirse cuidados por ti. Necesita que le ayudes a cubrir unas necesidades básicas y fundamentales. Y cuando hablo de estas necesidades, no me refiero a las creadas a modo de comprar esto o aquello.

No. Te estoy hablando de necesidades verdaderas, las fundamentales que permiten a tus hijos crecer con seguridad, fuerza y autoestima.

Entre ellas están:

  • tu disponibilidad.
  • tu atención y dedicación.
  • tu afecto.
  • tu amor incondicional.
  • tu conexión y vinculación
  • y todas las variantes de nutrientes emocionales de calidad.

Cuanto más cubiertas estén las necesidades de cada etapa del desarrollo, mejor base de bienestar y mejores condiciones tendrá para construir futuros aprendizajes. 

Así que, menos agujeros, menos sumideros de energía y por lo tanto, más posibilidades de construir en vez de reparar.

Lo comprobarás al ver en tus hijos su seguridad, fuerza, autoestima, confianza en sí misma y todas sus variantes.

Desde tu maternidad, estás en el momento de entrega “total”. Es desde un dar desinteresado, o por lo menos así es como debe de ser.

En mi opinión, es uno de los mayores gestos de generosidad amorosa a nivel mundial. ¿Por qué te digo esto? Porque además del generoso acto de entrega en sí mismo, este dar, para establecer una sana relación, es desde un desequilibrio. Es la única relación que se cumple esta excepción:

Tú como madre das mucho más de lo que recibes de tu hijos.

Ya con otras personas, esta ley concreta entre madre e hijos cambia a su ley universal. Por lo tanto, lo sano en las demás relaciones con otras personas es otro principio: equilibrio entre el dar y recibir. Pero lo dicho, tú con tus hijos es diferente.

Así que si tu aspiración es conseguir ser amiga de tu hijos, que nunca sea de igual a igual para que ellos sientan tu protección.

Siempre desde tu lugar como madre para nutrirle a ella y tú, nutrirte de otra manera que no sea buscando este equilibrio de recibir de tu hija e hijo lo mismo que le das. Realmente este es un tema serio, pero por hoy lo dejaré ahí.

Pero ¿qué agotador es esto de dar y dar como madre, no? Pues sí, es intenso. Para mí, es la gran frase que mejor describe la crianza: PRECIOSA GRAN INTENSIDAD.

Cuanto más pequeños son tus hijos, más das como madre. Pero recuerda que esto es una inversión de esfuerzos que merece mucho la pena dedicarle su energía. Es un acto de cultivar en tu hija los ingredientes, las necesidades básicas, para que siga su normal crecimiento cada vez con más autonomía, cada vez con menos dependencia en todos los sentidos.

Pero claro, puedes descuidarte y confundirte creyendo que eres mejor madre si das y entregas constantemente, sea como sea. Y tampoco es eso.

Dar más de lo que puedes y pasar por encima de tus necesidades tiene precios altos que pagar para ti y para tus hijos.

Una relación sana se basa en dar a tu hijos desde tu propio cuidado como madre

Así que, será fundamental tu atención constante a cómo están tus reservas internas. Cuanto más conectada contigo misma estés, más atención tendrás en ti misma, y más posibilidades tendrás de prevenir un agotamiento difícil de reparar.

Pero sé, por experiencia propia, que como persona humana que quiere ser “buena madre”, también aprendes desde el error y experimentación.
Dicen que el ser humano es el único animal capaz de tropezar dos veces o más, con la misma piedra. Y sí, podrás tropezar una y otra vez, pero por favor cae de distinta manera.

Así que, anota el aprendizaje que te aportó y utilízalo sin tener que culpar a la piedra. Luego, a tu asunto con responsabilidad de entrega que como madre tienes y tenemos todas las madres del mundo.

Por ello, acepta cómo están tus hijos, o qué cualidades como niña o niño tiene. La sed insaciable de amor, el movimiento, la necesidad de hablar y preguntar, la curiosidad y ganas de tocar, la necesidad de retar y saber dónde están los límites y un sinfín de estados que te pueden agotar la paciencia. Forma parte de su sana naturaleza y esencia infantil.

Por si te sirve, cuando echo de menos como madre a una niña más obediente, callada, quieta, menos retadora, con las ideas menos claras y un sinfín de características que puede hacer todo más intenso, pienso en lo que darían unos padres que tienen un niño con una seria enfermedad.

Y vuelvo rápidamente a mi lugar. Pongo el foco en cómo puedo cuidarme para poder sostener toda esa intensidad.

Así que lo que te propongo es que pienses y hagas aquellas cosas que te hacen sentir bien. Nútrete de todo lo que te haga quererte a ti misma para llenar tus reservas internas.

Virginia Satir, utiliza una metáfora de llenar tu olla. Cuanto más llena esté, más puedes dar a tu hija  o hijo y a todas las demás personas.

Da igual que sea algo tan sencillo como un paseo, o leer unas hojas de un libro, o escuchar música tranquila. Es permitirte el placer de las pequeñas grandes cosas.

Así que llena tu olla sin descuidar la olla de tus hijos. No vale la excusa de como yo lo necesitaba… y dejas de lado lo que necesitan tu hijos.

Conéctate contigo misma y pon tus propios límites para este cuidado. Es la mayor coherencia y uno de los mayores aprendizajes que por imitación puedes aportar a tus hijos.

Cuanto más te cuides en la maternidad y crianza sin descuidar a tus hijos, más fuerte, protegidos y seguros se sentirán.

Éste es el arte de cuidarte como mujer y cuidar al mismo tiempo de tus hijos.

Y me despido con esta valiosa pregunta que me hago para saber si algo me nutre y no desnutre a mi hijo e hija:

Lo que necesito ¿me beneficia? ¿le perjudica a mi hijo? Siéntelo, conecta contigo misma y con tu hijo. La respuesta no tardará en llegar.

Y recuerda la fórmula mágica para mantener tu olla interna a rebosar: tu mayor cuidado es buscar la manera de amarte a ti misma.  Así siempre tu olla estará llena para poder amar a tu hija e hijo, y lo mejor de todo, que ella así lo sienta.

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