La timidez y la vergüenza son dos emociones relacionadas entre ellas y las dos son aprendidas desde la interacción social. Estas dos emociones tienen un matiz que las diferencia entre ellas. La timidez en niños puede mostrarse ante una situación muy concreta y en un determinado momento. Y la vergüenza en niños se muestra en cualquier momento o en situaciones que el niño sale de su zona de confort y esto le supone una dificultad de relación.

La timidez es o puede ser la antesala de la vergüenza. Y la vergüenza se puede generalizar o anclar en una forma de relación que puede llegar a limitar en ocasiones su bienestar y desarrollo. Todo dependerá del acompañamiento adulto y el aprendizaje de su gestión que realice nuestro hijo.

Para ayudar a tu hijo a “superar” la vergüenza, comenzaría a mirar esta emoción de una forma más amigable para no entrar en una lucha contra ella. La mejor ayuda que puedes hacer con esta emoción aprendida de tu hijo, es acompañarle. De esta manera podrá realmente aprender a convivir con la vergüenza para que ella no sea la jefa de tu hijo. Si dejamos que la vergüenza se adueñe de tu hijo, él se sentirá limitado y condicionado por ella y puede llegar a dañar a su bienestar emocional.

En este post quiero hablarte de cómo conseguir que la emoción de la vergüenza haga su función de seguridad ante lo desconocido y que tu hijo pueda sentirse el jefe de esta gran emoción. Tu hijo necesitará desarrollar un buen concepto de sí mismo para que salga airoso de situaciones que le avergüencen.

Te invito a que acompañar al niño en la emoción de lo que le da vergüenza, para que la sienta como una emoción aliada y una compañera. Sólo así podrá recoger de ella su gran aprendizaje y seguir su gran desarrollo que tiene por delante.

¿Por qué se da la vergüenza en niños?

Esta emoción natural y social de la vergüenza, tiene una gran función para el ser humano, que es proteger su YO, su identidad, ante las demás personas.

Los niños están construyendo su Yo, su propio concepto de sí mismo, su propia identidad única e irrepetible y lo hacen también a través de las experiencias sociales que tienen con las demás. Lo que ellas opinen también es importante para ellos y lo tienen en cuenta.

Si sientes que no estás a la altura de las circunstancias, bien porque piensas que está en riesgo tu valía y sentido de pertenencia de los demás, es cuando se desencadena la vergüenza para protegerte de este riesgo que puede dañar en tu persona, en tu Yo.

Además, si también se siente obligada a hacer algo que no se siente preparada, tratará de defenderse de forma activa o pasiva a través de la misma vergüenza. Normalmente, la actitud más pasiva suele esconderse detrás de la vergüenza para no hacerlo.

Cosas que dan vergüenza a los niños

Es importante tener en cuenta que situaciones le pueden dar vergüenza a tu hijo para poder arroparle en estos momentos que necesita recuperar su fuerza interna. Además de las situaciones, es importante observar el cuerpo que nunca miente. Habrá señales claras, como caminar cabizbajos, aislarse, sonrojarse. Y otras pueden ser más implícitas, como por ejemplo verborrea sin sentido y desde la excitación, reírse descontroladamente. Todas ellas son vías para aliviar la tensión que le ha producido el momento vergonzoso.

Dependiendo del carácter de tu hijo y del contexto, algunas cosas que pueden dar vergüenza pueden ser:

  • Equivocarse o que no le salga algo como lo esperado, cuando hay más personas que lo están observando.
  • Requerir alguna acción ante personas desconocidas: ya sea pedir algo, recitar algo, etc.
  • Mostrar su valía a alguien a quien admira, o lo considera importante.
  • Sentir que ha defraudado a su madre y/o padre, o alguien a quien aprecia.
  • No sentirse orgulloso de algo que ha hecho.
  • Entrar a un lugar con mucha gente.
  • Comer en otra casa con los padres de su amigo, son algunas de las muchas situaciones que puede sentir la vergüenza.

 

Trucos para ayudar a los niños con vergüenza

Hay cuanto nos gustan los trucos, esos polvos mágicos que parece que todo lo arreglan ¿verdad? En realidad no hay trucos ni recetas concretas. Por lo menos sin cambiar tu mirada.

Así que si tuviera que decir lo más parecido a un “truco”, lo haría en tu mirada. Depende como mires la misma emoción y cómo mires a tu hijo desde su vivencia, es lo que haga que este “truco” ayude o no.

Tienes dos opciones que cada una te llevará a desarrollar una actitud y unos resultados unos u otros:

1ª opción: Puedes enfocarte en lo duro que se le está haciendo y en la desconfianza de que no lo va a poder gestionar.

Esta 1ª opción, la vergüenza se convierte en la jefa. Tu actitud no le ayuda a gestionarla y la tendencia va a ser taparla. Negar y desear evitar este sentimiento, no ayuda a conectar con él. Puede ser desde comentarios, hasta incluso en tonos algo burlescos como: “Uy que vergüenza tienes” “Que no te veo porque estás escondida detrás de mamá” “¿Hoy no dices nada?” “¿No saludas? Pues yo tampoco te saludo” “Me pondré triste si no…”

2ª opción: O por lo contrario, puedes mirar la emoción y la misma vivencia desde la confianza de que le estás arropando, de que seguro que encuentra soluciones que le ayuden a disminuir esta emoción incómoda.

Aquí tu hijo se puede convertir en el jefe de la vergüenza, permitiendo algo fundamental: expresión de la emoción. Primero necesita poder expresarla para después saber cómo gestionarla. Y desde este permiso, es más fácil que lleve a una actitud adulta de empatía, presencia, disponibilidad y espera, que le ayude a gestionar la vergüenza de forma saludable.

Niños con vergüenza, ayúdales a superarlo

La mejor ayuda que puedes brindar a un niño para convivir con la vergüenza y que la pueda gestionar adecuadamente, es cambiando y ampliando tu mirada hacia las posibilidades y soluciones que puede encontrar a través de ella. Cuando un niño se siente respetado, puede gestionar mucho mejor estas situaciones que le generan vergüenza.

Las verdaderas ayudas por nuestra parte de adultos para la vergüenza en niños son:

  • Permitir su expresión.
  • Acompañarle.
  • Esperar, dar tiempo a que esta emoción disminuya desde la calma y desde la no más presión.
  • Empatizar.
  • Respetar sus sentimientos.
  • Ante la duda, silencio amoroso.
  • Saber que ya habrá tiempo de hablar amorosamente de ello cuando pase.

Y aunque pueden parecer sencillas, realmente requieren un gran entrenamiento en la actitud adulta para desarrollarlas. Es importante controlar el impulso de falsa ayuda que sale desde el instinto primitivo al querer cuidar a un hijo para evitar ese momento.

No hace falta insistir, ni hacer nada para que se le pase al niño la vergüenza. Confía en en sus posibilidades, acompáñale y arrópale sin sobreprotegerle. Un poco de paciencia para que pase. Después de que esta emoción de la vergüenza haya disminuido o transformado en otra emoción, podrá estar el niño receptivo para poder recibir atención y mirada de los demás como necesidad que tiene toda persona humana. E incluso, poder hablar de ella.

 

¿Cómo ayudar a los niños a superar la vergüenza?

Además del acompañamiento respetuoso en ese momento de vergüenza del niño, puede haber otras vías más indirectas que favorezcan la gestión y convivencia con esta emoción que seguirá apareciendo en su vida.

Es la de favorecer un auto-concepto positivo en sí mismo y aumente su propia confianza en sus posibilidades para que de esta emoción salga airoso y la vergüenza le enriquezca en su persona. ¿Cómo? Por ejemplo con estas indicaciones:

  •  Elogiar sus logros y conquistas. Elogiar que no es lo mismo que alabar, significa describir lo que realmente hace, no tu valoración de lo que hace.
  • Coherencia en la gestión emocional adulta a la propia vergüenza. Servir como modelo, compartir situaciones que has pasado vergüenza y cómo lo has hecho para transformarla.
  • Acompañarle sin criticarle, sin sobreprotegerle. Estar a su lado, acompañarle desde tu disponibilidad y presencia.
  • Nombrar la emoción con neutralidad cuando pueda hablar de esta situación. Normalmente será cuando la haya pasado.
  • Respetar el momento de poder hablar si él no quiere. Como por ejemplo: “Veo que ahora se te hace difícil y no quieres hablar de lo que has sentido… Cuando quieras compartir algo, aquí estoy para lo que necesites”.
  • Compartir experiencias de vergüenza vividas por los adultos. Por ejemplo: “Me he caído con el patín en la salida del centro educativo, delante de todos los padres y tenía ganas de meterme la cabeza en un agujero del suelo para que nadie me viera. Qué bonito ha sido la comprensión que he sentido y de la ayuda que he tenido de los demás.” Caso real propio. ;).
  • Hablar con naturalidad de los fracasos o errores. Nos podemos enfocar en las soluciones y en los aprendizajes que han aportado, siempre y cuando esté preparado el niños para hablar de esto.
  • Favorecer relaciones sociales donde se sienta aceptado y valorado.
  • Permitir realizar pequeñas conquistas, como puede ser pedir un vaso de agua, o responder con un “yo” cuando alguien pregunta si quiere algo, etc.
  • No adelantarnos a realizarle lo que ya sabe hacer nuestro hijo por sí mismo. Esperar a su lado el tiempo que necesite, acompañarle para que se sienta capaz de pasar a la acción en situaciones que le parezcan difíciles.
  • No ridiculizarle ni criticarle. Tampoco ponerle la sentencia de que “es vergonzoso” sino como mucho, describir con un estar o tener “ahora estás teniendo vergüenza” para que no la recoja como identidad permanente.
  • Respetar y no forzar aquellas acciones que le exponen y no le gusta nada hacer. Puede ser la forma de despedirse de un familiar que no quiera darle un beso. Buscar otra forma de despedirse con comodidad.
  • No realizar comparaciones con sus hermanos o con sus amigos. Cada uno es como es, un ser diferente y único, y cada persona se encuentra en un proceso determinado de desarrollo, sin ser algo ni bueno ni malo en sí mismo. El objetivo también es crear un auto-concepto real y positivo de sí mismo.

 

Desde nuestro acompañamiento adulto depende que la vergüenza que tiene el niño se convierta en la jefa de su vida, afectando en su desarrollo madurativo y emocional. Con un buen acompañamiento puede sentirse el jefe de su propia vergüenza, recogiendo aprendizajes de uno mismo para poder gestionarla y ampliar así experiencias de relación social para completar su YO personal.

Si quieres ayudar a tu hijo a superar la vergüenza o necesitas hablar y trabajar otros temas, ponte en contacto conmigo. Te acompaño a transformar todas aquellas formas que puedes dañar a tu hijo o hija sin saberlo, en formas positivas de comunicación y relación saludables. Tracemos un plan de acción conjunto y te aseguro que toda la familia os encontraréis mucho mejor y tendréis nuevas herramientas. Puedes saber más en mi servicio de Asesoría Familiar.

 

También te puede interesar leer sobre crianza respetuosa:

Los efectos del lenguaje positivo para niños
Técnica del semáforo para gestionar las emociones del niño
Rincón de la calma en niños

Spread the love