Lo primero que quizás te preguntes es si realmente se puede educar sin gritos. Y seguro que estás esperando leer el asegurado “Sí, se puede”, a lo que añadiría, “y se debe” siempre y cuando se sepa ajustar a las situaciones, necesidades y caracteres de los niños. Es importante que tratemos a nuestros hijos con respeto.

Hay niños muy sensibles a los que un elevado tono de voz le puede hacer mucho daño en su sentimiento de valía. En cambio, otros niños con perfil conquistadores y con seguridad en su propio criterio, que necesitan escuchar la fuerza de un NO y en esas situaciones quizás haya algún momento puntual de que se levante algo el tono de voz para marcar un límite de forma clara.

En este post sobre educar sin gritos, lo que quiero expresar es la necesidad de bienestar de hijos y padres por encima de todo. Y si educar sin gritar te lleva a una idea de tono constantemente bajo, sin marcar límites de forma clara, usando constantemente el convencimiento y la negociación, esta no es la idea de educar sin gritar.

Así que aquí ya tienes un gran matiz que diferencia algo fundamental: No es lo mismo gritar que levantar el tono de voz. No es lo mismo ni tampoco desde el lugar adulto que lo haga porque puede ser como jefe de su emoción o empleado de la misma. Y todo cambia.

 

Educar sin gritar

Es una premisa fundamental educar sin gritar para que sea la forma habitual de relación con nuestros hijos. La gran diferencia de su uso en algún momento dado, es desde el saber desde dónde actúas. Esta es su esencia fundamental.

Puede ser desde un lugar:

  • Reactivo, descontrolado e inconsciente.
  • Respuesta, controlado y consciente.

Si elevas el tono en un momento concreto dado y lo haces desde tu consciencia y control de lo que estás haciendo, teniendo en cuenta las necesidades de tu hijo, el efecto puede ser muy diferente que si elevas el tono de forma reactiva, desde el enfado, inconsciencia, descontrol. Esta segunda opción es la que en ningún caso defiendo ni animo a hacerla.

Por eso, el grito nunca debe ser desde la reacción sin control, desde el desahogo adulto, desde la falta de otros recursos.

En cambio, elevar el tono de voz en momentos dados desde la consciencia, el control, el ajuste a la situación, al carácter de tu hijo, puede ser en momentos dados de ayuda. Y repito, con mucho cuidado con esta información.

Hay situaciones excepcionales que pueden estar en riesgo la seguridad de tu hijo o en riesgo tu propio cuidado ante un establecimiento de límite que no está siendo respetado. El levantar algo la voz puede ser una muleta para decir un “hasta aquí” y aclarar el límite de una forma clara y contundente. Sobre todo con niños conquistadores que si tienen un adulto que no sabe establecer los límites con firmeza y amor, y antes de entrar en el sermón, convencer desde los millones de argumentos, por pretender hablar con una voz suave, no ayuda.

Pero son situaciones muletas a las que no debemos recurrir como opciones rápidas y repetidas. Un NO con seguridad, tiene mucha más fuerza que un fuerte grito. Y este es el objetivo, conseguir la propia seguridad adulta para limitar con firmeza y amor sin recurrir a los gritos.

Así que la diferencia de cada lugar lo va a otorgar tu cargo: como jefe de tu propia emoción o como empleado de la misma emoción en la que no te sientes capaz de gestionar.

 

Claves para educar sin gritar

Somos humanos y a veces perdemos el control emocional acabando en un grito. Puede ser. Pero mucha atención con tu responsabilidad de ponerte a repararlo en cuanto antes y a seguir entrenando constante para mantenerte a raya para ser la jefa de tus emociones. Sólo así conseguirás no hacer daño a tu hijo ni a ti misma.

Cada día es importante entrenar en tu gimnasio emocional. Es un entrenamiento diario y constante para convertirte en el jefe de tus propias emociones con responsabilidad, constancia, dedicación, perseverancia, amor hacia ti mismo, etc.

Parar, respirar y no hablar, puede ser de gran ayuda para no hablar desde la reacción y el grito salga sin control.

Filtrar los límites y establecerlos de forma clara. Mejor hacer una criba de los límites innecesarios para quedaros con los imprescindibles que vas a encargar de limitar. Es como puedes centrar tu energía y disminuir la desesperación de acabar gritando en todos los momentos.

En situaciones nuevas, permítete tomarte tu tiempo para decir algo importante con un límite. Un momento que estoy pensando en si esta acción nos ayuda o nos pone en riesgo. Evidentemente, este tiempo debe ser breve y mejor si lo tienes claro antes, pero siempre hay algo novedoso fuera de lo previsto.

Cuidarse para cuidar. Si estás a sobrepasado y estresado y no te permites parar, acabarás explotando todo tu malestar en aquellos que tienes al lado. ¿Y quién suele estar? Tu hijo o tu hija que está lleno de energía para explorar el mundo, seguir aprendiendo y experimentando con todo lo que tiene a su alrededor.

Conocerte es una gran forma de prevención ante una respuesta reactiva desde un grito que no ayuda a nadie, ni a ti, ni a tu hijo, ni a la relación. Escuchar desde el corazón, a ti misma para saber lo qué sentimiento te está doliendo y qué necesita ese sentimiento para fortalecerse.

Si en algún momento se te va el grito, practica las 3 R de recuperación:

  • Recuperación: Darnos cuenta que nos hemos confundido.
  • Reconciliar: Saber en dónde nos hemos equivocado y disculparnos.
  • Resolver: Búsqueda de una solución.

Cuanto más te conozcas y sepas conectar con tu fuerza que tienes dentro, más oportunidades tendrás de establecer los límites sin gritos ni castigos. Sigue entrenando en tu gimnasio emocional, que sí se puede educar sin gritos.

Educar sin gritos es posible. ¡Apúntate al reto de los 7 días! Empezamos el reto “Educar sin gritos” el 12 de abril 2021. Es gratuito.

👉 Educar sin gritar

 

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