Lo prometido es deuda. Ya llegó el artículo que tanto esperabas. Enhorabuena por tu paciencia y por tu gran trabajo previo que sé que ya has hecho al seguir la lectura de los artículos anteriores.

¿Qué? ¿Que has hecho atajo y has caído aquí como primer artículo de los celos?

Tanto si has llegado aquí de primeras, o como no, déjame contarte muy brevemente los pasos previos que he considerado importantes antes de llegar a este artículo de la escucha. Luego tú misma marcas tus pasos y tu ritmo.

A modo de resumen:

En el artículo de los celos del hermano mayor, explicaba cómo afecta a un hijo la llegada de un hermano y cómo debes actuar.

En el artículo de “Cómo avivar o no la llama de los celos”, mencionaba el origen de los mismos. Los miedos ancestrales que hay detrás y cómo tu mirada y forma de responder ante ellos, marcará la diferencia en poder manejar los celos de forma sana o no.

En “Descubre un nuevo mundo detrás de la expresión de los celos”, de los síntomas evidentes y otros ocultos. La importancia de la libre expresión de los celos. Y cómo poder enfadarte sin herir a tus hijos ni perder el sostén emocional que tanto necesitan.

Y ya en “Si ante los celos te ves respondiendo de estas maneras…”, te invitaba a través de unas preguntas, a reflexionar algo más desde la cotidianidad del día a día con tus hijos. Y en definitiva, como responder en vez de reaccionar.

Ahora sí, sin más preámbulos, hablaré de la escucha activa emocional. Una potente técnica de la comunicación, que si la pones en práctica, no sólo se beneficiará cada hijo, sino tu pareja, amigos, y demás personas con las que te relaciones.

Será a través de esta escucha, cuando tu respuesta se ajustará a las necesidades reales de tu hijo. 

No seré yo quien te desanime diciéndote que aunque hayas avanzado mucho hasta llegar aquí, lo cierto es que la inercia automática lleva a poner con mucha rapidez el foco en las conductas. Es una realidad que es importante tenerla en cuenta para ponerle más énfasis, más esfuerzo en desaprender y aumentar la atención.

Ahora sé que tu mirada ya es diferente. Y quiero invitarte a seguir avanzando en esta ampliación de mirada, centrándote también en tus oídos y sobre todo en tu sentir.

Las conductas son los focos rojos que avisan y hacen reaccionar o responder de una u otra manera. La diferencia será, como algo te he adelantado ya, en mirar la emoción y sentimiento que hay detrás de esa conducta. Igual necesites por un momento aparcar la conducta para poder llegar a comprender el sentir de tu hijo.
Te ayudará el observar y saber qué es lo que ha pasado antes de la expresión de la conducta. Si llegas después de la conducta, posiblemente llegas tarde. Habrá información valiosa a tener en cuenta y recuperar, para acercarte más a su sentir.
Nada de culpas. No eres omnipresente. Lo que te quiero decirte es que, desde ahí, necesitarás más tiempo para escuchar esos sentimientos. Tus hijos los mostrarán desde tu disponibilidad.

Recuerda lo que te contaba en un anterior artículo sobre la importancia de diferenciar:

Permitir sentimiento. Limitar conducta.

Desarrolla tu empatía y muéstrala. Puede ayudarte a comprender la situación de tu hijo llevándolo a tu vida. ¿Te gustaría compartir tu pareja con otra persona? Venga…., que te lo puedes pasar muy bien con ella….Si no te va a dejar de querer a tí. Creo que le vas entendiendo algo más su sentir. Recuerda que para tu hijo es un sentimiento que le puede crear mucha angustia si no lo sabe integrar y aceptar con confianza.

Métete en su piel y en lo qué sentirías tú en esa situación como si fueras una niña. Recoge ese sentimiento, y llévalo a tu rol de madre para devolverlo: “¿Sientes miedo pensando que la mamá no te va a hacer caso?” “Sientes un dolor fuerte en la boca del estómago?”.

Describe las acciones de forma objetiva. No te dirijas a su ser y por lo tanto, nada de calificativos de “chillón”, “pegón”, ni “ciquiñoso” ni sus variantes. Elimina el “eres….” por el “estás…” .
Recuerda, nada de criticar, ni juzgar ni etiquetar.
Verbaliza y nombra lo que ves como madre, es decir, poner palabras a lo que sucede.
“Veo a dos personas que se están molestando. Veo también tristeza y enfado”.
Más información en uno de los artículos citados al hablar de: “¿Cómo enfadarte sin herir?.

Poner palabras a los sentimientos también le ayudará a verbalizarlos. Es importante nombrar la palabra “celos”.
Por ejemplo: “Esto que estás sintiendo se llaman celos”; “Sientes celos de tu hermano por darte miedo a perder a mamá. Gracias por mostrarme cómo te sientes y hacerme ver qué necesitas”
Si te resulta difícil poner palabras a los sentimientos, comienza a describir las sensaciones corporales que puede sentir. “¿Sientes como si tuvieras un nudo en el estómago?” “¿Sientes como si tuvieras un volcán dentro a punto de explotar?”

Es también nombrar los posibles deseos que puede tener cuando está en la polaridad de la rabia, es decir, enfadado por el malestar de los celos. Por ejemplo: “veo que por un lado te gustaría darle un golpetón a tu hermano porque estás muy enfadado. ¿Es cierto?. Puedes darle un golpe a la almohada para sacar ese enfado”.

Especial atención merece los sentimientos ambivalentes con su hermano. Es importante también esta comprensión. Puede que también lo hayas vivido con tu pareja. Ya lo dice la canción de Amaral: “A veces te mataría, otras en cambio te quiero comer…”. Las relaciones de amor-odio es todo un proceso de aprendizaje.

Atenta a las situaciones que le llevan a tu hijo a un dolor emocional.
Recuerda que le puedes observar más sensible, irritado, con más ganas de estar contigo, o todo lo contrario, con más resentimiento y enfadado contigo.
Por ejemplo, cuando le cambia la cara cuando coges al hermano pequeño, o de repente hace algún comportamiento llamativo, puedes preguntar: “¿Querías que te cogiera también a tí? “Entiendo que a veces te resulte duro compartirme” “Y que no es fácil esperar a que te haga caso a también a tí” “¿Quieres que busquemos algún rato para estar tú y yo solos?”.

Este nombrar desde la comprensión, le ayudará a no sentirse culpable. También a seguir sintiéndose querido aunque piense y tenga esos sentimientos que le angustian. Es una aceptación total de su ser.

Desde esta escucha del sentimiento de raíz, le ayudas a calmar ese miedo que subyace. Es el inicio del cambio en el sentir de tu hijo. 

Por ejemplo: “¿sientes ganas de darle un golpe por no dejarte a mamá para tí solo?” “¿Estás echando de menos que te coja más en brazos? ¿Puede que desde que ha nacido tu hermano estoy menos contigo?” “¿Sientes que no te ayudo tanto como antes?”

No tengas miedo de que al verbalizar y nombrar metas “ideas peligrosas” en su cabeza. Todo lo contrario. Lo ayudas a liberarse desde la comprensión y sostén emocional.

Si a tu hijo le llega este sentimiento de amor incondicional, le ayudará a no avivar la llama de los celos.

El efecto en cada hijo será: Se sentirá comprendido, aceptado y amado. Se sentirá sostenido emocionalmente. Se sentirá muy cerca y arropado por tí: gran conexión.  

 

Desde esta escucha, cada hijo empezará el esfuerzo por la mejora y cooperación.

Es la primera invitación a la intimidad y el comienzo de una verdadera comunicación.

Desde esta conexión es más seguro y efectivo marcar los límites de la conducta con amor y firmeza.

Entrena esta práctica. Mira y remira detrás de lo aparente. Limpia las lentes. Siente y comprende. Escúchale, siéntelo y verbalízalo. 
“Veo que estás sintiendo celos de tu hermano y ahora tienes la sensación de no poder compartirme (madre)”. “Debes de estar muy dolido o enfadado para que tu mano salga con tanta fuerza”.

Y para acabar, una condición fundamental para que funcione este proceso. Es recordarte algo fundamental: el que tiene el problema real es tu hijo. Es decir, aunque no sea agradable para tí, aunque te angustie, y mil sensaciones como consecuencia, a quién le compete realmente este asunto de los celos es a cada hijo.

Así que recuerda y responde:

¿De quién es el conflicto?”.

Tú estás para ayudarles, eso sí, pero da un paso emocional para atrás, para no quedarte enganchada en este problema y poder ampliar tu mirada.
Cuando tus necesidades como madre y las necesidades como hijo son el asunto a tratar, ya no sirve esta escucha activa emocional. Aquí sería otra técnica de comunicación: habilidades de confrontación. Llegará el día que hable de ellas.

De momento, tienes esta forma de comunicación tan valiosa, que cada hijo y tú, sentiréis los beneficios y cambios en vuestra relación y convivencia. Esto será inevitablemente inevitable. Te lo aseguro.

En el próximo artículo, te contaré dos valiosas propuestas prácticas compensatorias para acolchar los sentimientos dolorosos producidos por los celos.
Todo llega.

 

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